Fotografía hecha por Marina Palacios

Cómo tratar las verrugas causadas por el VPH – 2L PAPI, aceite de árbol de té, aceite de coco y mucho amor

Hoy os quiero hablar del tratamiento para el papiloma humano que ha conseguido que mejore, tras meses de incansable búsqueda, prueba y restricción.

¿Cómo curar las verrugas causadas por el virus del papiloma humano?

Las personas que me conocéis, sabréis que pasar por el VPH ha sido uno de los momentos más reveladores e inspiradores de lo que llevo de vida.

Ha sido una montaña rusa de emociones, hasta conseguir entender que el problema pasaba sobre todo por mi forma de tratarme a mí misma.

De hecho, este blog no existiría probablemente si no hubiese sido por mis queridas amigas, las verruguitas.

Mi historia

– Lo siento este va a ser un artículo largo, así que prepárate una taza de té y comienza –

Cuando me di cuenta de que apareció una verruga en octubre, me comencé a preocupar bastante, pocos meses antes había ido al ginecólogo preocupada por un pequeño granito, ya que un compañero con el que estuve me comentó que él las tenía. El ginecólogo no se preocupó mucho más, no me hizo ningún tipo de análisis y a otra cosa mariposa.

No quise darle más vueltas ya que todo lo que encontraba en internet me desconcertaba y asustaba.

Así que cuando tuve la certeza de que lo era: no dolía, no se explotaba como podía ser un grano de pus y a veces, picaba, llamé de nuevo a la ginecóloga para ir cuanto antes a mirármelo, me comentaron que  mi ginecóloga no estaba disponible, así que sin dudarlo pedí cita con el ginecólogo que tenía horas libres. (Mala elección)

Me trató de una manera distante, borde y seca, y añadió perlitas (o frases estúpidas, como las debería llamar) como “¿tienes pareja?” y yo contesté, no, me preguntó de nuevo “¿vives con alguien?“, yo ya preocupada le contesté un rotundo “no, que pasa” y él con cara de preocupación me dijo “hombre es que…cómo te vas a poner tú sola la crema, necesitarás ayuda

Como si tuviera un laberinto entre las piernas…

– Ahg. Sin comentarios –

En ese momento, no fui consciente de la incoherencia, estaba nerviosa, estaba asustada, me sentía triste, enfadada y sucia, muy sucia.

Llegué a la farmacia a pedir la crema que me recetó (Aldara) que para mi disgusto (cada vez mayor) costaba 86 €.

86 € sí, por un tratamiento que incluso en la farmacia me comentaron que no siempre funcionaba y que no podían asegurar que fuera a solucionar nada.

(Y así fue)

He de decir, que en mi educación anatómica ni “sexual” por así decirlo, me animaron a mirarme las partes íntimas de mi cuerpo, cuando me vino la primera regla…no sabía ni por donde se tenía que meter el tampón… Como si el pis, la caca y la regla, salieran de mis poros. Lo reconozco, no tenía ni idea, sabía lo justo pero nunca me había parado a mirarme en profundidad.

Así que a partir de entonces… fue una gran odisea: 1) Mirarme por primera vez todos los recovecos de mi vulva, los labios, las zonas más cercanas a la vagina… 2) Y “por si fuera poco” ver las verrugas aparecer por ahí.

Ahora puedo decirlo con facilidad, pero entonces no era nada consciente: no me gustaba la forma de mi coño. No lo había mirado nunca con curiosidad y con amor, simplemente lo había mirado de pasada, para depilarme, ponerme un tampón… Sólo tenía en mi mente cánones imposibles de cómo tenía que ser a través de películas… y no chicas, eso no ayuda.

Así que comencé a usar la crema, que para aún mayor preocupación y disgusto me quemaba la piel, me dolía, me escocía y me hacía estar más pendiente que nunca de esa zona y no en el buen sentido. Encima comencé a conocer a un chico, que me gustaba muchísimo, pero solo con pensar en mis verrugas me echaba atrás, me ponía nerviosa, me sentía “no válida para el amor” ya que de alguna forma “no era válida para el sexo”. (Entraré luego en detalles sobre esta última parte)

Pero claro, al buscar en internet lo único que encontraba era un “virus”, “riesgo de cáncer de útero”, “no te toques la zona” “castidad obligada”…

Hablando con una amiga, me recomendó el libro “Cuerpo de Mujer, Sabiduría de Mujer” en el que se hablaba de diferentes tratamientos, incluido el energético en el que se le asociaba con un estigma de suciedad y culpabilidad hacia las relaciones sexuales y llegó un día en el que decidí cambiar de ginecóloga.

Al hablar con ella, a parte de asustarme con el tema de “no lo toques o puedes contagiar, expander las verrugas” me comentó que “si me había contagiado de esto, podría haberme contagiado de otras cosas” así que, muy asustada me tuve que hacer análisis (spoiler: todo el resto estaba bien) y me recomendó también el uso de blastoestimulina para mejorar la cicatrización de las zonas que tanto me escocían y aliviar ese dolor.

Poco después de esto, yo seguía conociendo a esa persona tan especial y llegó un día, que unido con el estrés en el trabajo, estrés en general en mi vida y en mi cuerpo… me apareció un herpes facial, arraigado en el nervio óptico por lo que me quedé con una mínima visión, muy asustada y dolorida, en el que tuve que pararlo todo.

Conseguí mejorarme y en ese tiempo que estuve “parada” comencé a leer sobre biodecodificación, una amiga me habló de ella y creó en mí curiosidad, unido a que el chico que conocía me pasó un diccionario… Y todo tenía mucho sentido.

A parte, encontré a través de instagram primero a Juliet Allen de la que aprendí sobre el tantra, el baile como manifestación de nuestra energía sexual y en general, sobre el poder que albergaba esta, y después a la maravillosa Amber Leitz  de la que comencé a aprender y entender que el sexo es una unión sagrada y sobre todo, que como mujeres, nuestro cuerpo y ser es infinitamente sabio y placentero.

A través de ellas llegué también a Chakrubs y comencé a indagar más sobre la fuerza energética de las piedras (Si no has leído mi anterior artículo sobre éstas, te lo dejo aquí)

Entendí también en ese mes, que para mí (y para mucha otra gente de mi alrededor) las enfermedades de transmisión sexual eran un tabú, algo que mejor que no se contara en voz alta y también entendí, cómo sentía que tenerla me hacía sentir mal, fea, sucia, haciendo que me alejara cada vez más de mi energía sexual y que cuando esta apareciera, me sintiera sucia, haciendo algo mal, algo indebido y eso poco a poco, hizo que fueran a peor.

Tras mejorar del nervio óptico y volver a ver y estar un poco más relajada, comencé a desprenderme de situaciones, lugares y personas que notaba que me creaban una carga negativa, mi cuerpo me daba señales de todo tipo: dolores de cabeza, granos en la frente (debidos al herpes), más verrugas, dolor de tripa, malestar en general…

Pero bueno poco a poco fui mejorándolos, aunque pasé un resfriado – gripe que duró aproximadamente desde noviembre hasta principios de enero,debido a que mi sistema inmune estaba luchando en mil frentes y no daba para más, comencé a tomar vitamina D, vitamina C, hierro, zinc, magnesio, cambié mi dieta, restringí el azúcar y a veces me sentía mejor… pero también cuando tomaba algún dulce, una copa de vino… me sentía terriblemente mal.

Meses después entendí que las restricciones son fatales, ya que son también una forma de auto sabotaje, tenemos que aprender a amar nuestra comida, a disfrutar de los alimentos que nos nutren y a ser benevolentes con nosotros mismos. Un cupcake de vez en cuando, no te va a matar, sé consciente y disfrútalo, no comas con ansia y negatividad porque ahí está la clave de que esa comida te siente mal.

Conseguí enfrentarme a mi miedo y hablar con el chico con el que estaba y a mi sorpresa, cuando se lo dije solo me dijo “ah, ¡menos mal! podría haber sido algo mucho peor”.

Un peso de encima que yo misma cree e impuse sobre mí.

Somos nuestros peores enemigos.

La única forma de acabar con el tabú, la estigmatización y con el juicio hacia las enfermadades es dar un paso adelante y enfrentarnos a ello con amor y respeto hacia nosotros mismos.

A partir de enero empecé a liberarme de las cargas de pasadas relaciones, de personas que de una forma u otra me habían tratado mal, no me habían respetado a mí y a mis decisiones e incluso a mi propio cuerpo.

Aprendí sobre romper lazos energéticos, visualizaciones… (Si queréis más info sobre esto escribidme en comentarios o por privado)

Y de manos de una gran amiga, acudí a la Clínica Empo a mi primera sesión de biodecodificación con Mónica. Para entonces yo la llegué con los deberes hechos, había pensado en la suciedad, en las personas que me podían haber hecho pensar o sentir suciedad acerca de mí y de mi cuerpo… Y comenzamos a hablar, de mi familia, de mis anteriores relaciones, me dejó claro que el herpes facial en el ojo solo había ocurrido como forma de manifestación de mi propio cuerpo hacia la realidad de no querer ver lo que sucedía y no querer afrontarla de cara a la persona que estaba conociendo.

Intentamos ver un momento en mi vida en el que me hubiese sentido sucia con alguna persona…pero en mi mente nada hacía clic, como pasó cuando me contó sobre el herpes facial.

Así que continué dándole vueltas y sobre todo entendí una de las claves de mi enfermedad…la falta de amor hacia mí misma.

Para entonces también conocí a Carly Morgan Gross que comenzaba su curso “Live your light” en el que la clave era aprender a brillar con tu luz propia a través del camino del amor propio.

Todo llega en el momento correcto, dicen (y confirmo).

Así que comencé mi camino junto a ella y otras bonitas mujeres de todo el mundo.

Me di cuenta a través del curso y de la meditación que una de las cosas que me impedían mejorar, era que yo misma no me visualizaba mejorando.

Así que cada mañana comencé a visualizarme libre, en el mar, flotando sin miedo.

También comencé a ir a acupuntura, y allí, hablando con mi terapeuta me comentó que existía un tratamiento de inmunoterapia llamado 2L PAPI.

Yo seguía aplicándome la crema que quemaba, probé también Wartec cuyo principio activo era la podofilotoxina que era un poco más suave, en vez del Inquimod como era Aldara (que por cierto, encontré en la farmacia un sustituto más económico llamado Inmunocare) pero seguía sin una mejoría completa.

Las cremas al quemarme hacían que me encontrara más débil y dolorida por lo que era como un pez que se mordía la cola: a más escozor, más debilidad y al más debilidad más fuertes se hacían las verrugas.

Un día meditando (ya hacia marzo) descubrí que al hacerme preguntas mis verrugas reaccionaban o no, a través de una especie de picor, así que comencé a preguntarme y por primera vez, a conectar con ellas en vez de alejarme u omitirlas.

Y llegué a la conclusión de que sí me sentía sucia al mantener relaciones sexuales, con cualquier pareja que había tenido en mi vida, no por ellos, sino por lo que en mi cabeza ocurría. Mi educación había sido cristiana y en algunos momentos, sobre todo acerca de la sexualidad bastante estricta, así que al mantener relaciones estuviera saliendo con esas personas o no, me hacía sentir sucia, porque mi objetivo era el placer, el amor y no el concebir (como se supone en la Biblia) ya que a parte, hablaré de esto en otro artículo, nunca he querido tener hijos.

Aquí mi cabeza hizo un gran clic y sentí la urgencia de expresárselo a mi familia, para desprenderme y así fue, no era un buen momento ya que mi abuelo estaba en el hospital, así que también mi energía se estaba yendo en esa situación pero conseguí hacer un paso para mí, para mi cuerpo y alma y me quité ese peso de encima.

En abril comencé a tomar Flores del Bach para acabar de aceptarme, perdonar y liberarme de esa sensación de suciedad y culpa. Mi terapeuta eligió: Crab Apple (la flor limpiadora), Pine (Culpa), Holly (Odio) y Verbain (Exceso de entusiasmo, perfeccionismo)

No lo he mencionado antes, pero sí, también sentía culpa acerca de “lo que había hecho mal”, el “miedo a contagiar”, el “no hacer las cosas bien porque no me estaba mejorando”…

Otro de los grandes inputs que me dió el tener verrugas fue: cada cuerpo sigue su ritmo. 

Tanto en mis visitas a la ginecóloga como en textos que leía en internet decían que las verrugas tardaban en irse desde 2 semanas a 6 meses. También comentaban que en algunos casos podían permanecer hasta 25 años de manera intermitente…(¡Ah! Casí se me olvidaba, también se comentaba que en el 90% de los casos, es un virus que se va solo, el único problema es que puede ser contagioso, aunque como ya comentaba antes, puede estar latente, es decir sin manifestarse en forma de verrugas durante 25 años)

Y yo me ponía hiper nerviosa al ver que se acercaba la nueva visita a la ginecóloga (iba cada mes) y yo seguía con ellas, ya que mi ginecóloga me proponía operarme, aunque al tenerlas tan fuertes y al ser una zona sensible, podía tener riesgos.

Tras darle varias vueltas, el mantener un diario me ha ayudado muchísimo a aclarar mis pensamientos y con la ayuda de las Flores del Bach me di cuenta de que:

  1. Mi cuerpo es muy sabio, me está diciendo que cambié de tratamiento
  2. No puedo apresurarme, el cuerpo y el universo tienen sus propios tiempos, el ser una persona única también se aplica a las enfermedades.

Así que decidí comentarle a mi ginecóloga que no me operaría a no ser que lo viera claro y que quería cambiar a otro tratamiento más natural, el aceite de té verde.

Había leído mucho sobre ello y en algunos periodos de descanso me había aplicado agua con gotas de aceite de té verde o aceite de té verde con aceite de coco.  Y sabía que me iba mejor, me hacía sentir fresca, me disminuía el picor y no me escocía.

Algunas de las propiedades del aceite de coco son que es anti-bacteriano, anti-fúnguico, anti-inflamatorio, anti-bacteriano, anti-vírico y no provoca reacciones adversas en el ser humano.

Y por otra parte, las propiedades del aceite de té verde son que es: anti-viral, cicatrizante y anti-microbiano (solo has de tener cuidado si tienes una herida abierta, que en ese caso escuece, pero ya está).

Así que comencé con ese tratamiento natural, también comencé a tomar 2L PAPI, que se toman bajo la lengua en ayunas cada mañana, normalmente la duración del tratamiento es de 6 meses, yo noté una mejoría al mes y medio, hay personas que con tan solo unos días ya ven cómo su estado mejora.

Y como antes he comentado, lo que me hizo mejorar fue la toma de 2L PAPI, el utilizar el aceite de coco con gotas de aceite de árbol de té (solo las aplicaba antes de acostarme, las dejaba secar y a otra cosa mariposa… y me falta el ingrediente más importante… EL AMOR

No hablo de amor en pareja (que también ayuda el tener ese apoyo) sino el amor propio.

Si hay miedo, todo continúa, todo lo malo se desarrolla,  pero… si das amor, no das pie a nada.

Y así es, tratando a mi cuerpo con cariño, escuchando lo que necesitaba, incluida una copa de vino de vez en cuando o un trozo de pastel, acariciándolo con aceite de coco y aceite de árbol de té en vez de cremas que queman, tomando 2L PAPI y empoderándome y asumiendo que soy la única persona capaz de decidir sobre mi cuerpo (tanto en relaciones como en cuestiones de cirugía y médicos),  conseguí mejorar.

También, tenemos que respetar nuestras ganas, nuestra energía sexual y nuestra necesidad de placer, sin miedo, sin juicios y culpas. Se pueden mantener relaciones sexuales, si se tienen con cuidado y mucha protección (por ejemplo, leí que si el hombre utilizaba preservativo y un calzoncillo ancho con botones, no había problema, ya que no hay contacto piel con piel, doy fe de que funciona). Y sobre todo, si tienes ganas de masturbarte, tocarte o acariciarte… no temas, no ocurre nada, de hecho es bueno liberar esa energía y que fluya sin miedo. Recuerda que si te culpas o juzgas no harás más que empeorar la situación.

Espero que este artículo os haya ayudado y haya abierto un espacio en vuestras vidas para deshacer el tabú que son las enfermedades, sean del tipo que sean.

Todo nuestro cuerpo es sabio, solo tenemos que pararnos a escucharle.

Y no estás enfermo por tener una enfermedad. No eres la enfermedad. Sigues siendo esa preciosa luz que brilla en tu interior y que siente.

(PD. si te lo estás preguntando…Sí, esa persona que conocía es mi pareja actual y le quiero muchísimo <3)

Cualquier duda que tengáis, si queréis comentar vuestra historia os espero en los comentarios o en la página de Facebook o de Instagram.

Un abrazo enorme, sois muy valientes y preciosas.

6 comentarios en “Cómo tratar las verrugas causadas por el VPH – 2L PAPI, aceite de árbol de té, aceite de coco y mucho amor

  1. paolamulloa dijo:

    Al leerte sentí que me leía a mi misma. A veces creemos que somos las únicas cuando nos pasan ese tipo de cosas, es tan liberador saber que te ha pasado muy similiar que a otras mujeres, leer esto hace algunos años me hubiera liberado de grandes dolores de cabeza. Abrazos grandes!

    Me gusta

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